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Talento canario en estado puro[+]
01 junio 2015
Talento canario en estado puro

Siempre me he jactado de apoyar las propuestas que ofrecen los artistas canarios, de consumirlas y de disfrutar de ellas. El sábado pasado, casi por casualidad y tal vez queriendo el destino que así fuera, de repente me encontré ocupando una de las butacas del flamante Auditorio de Teror para asistir a algo grande –sin ser entonces consciente– denominado Timples y Otras Pequeñas Guitarras del Mundo.

Unos jovencísimos músicos –Althay Páez (majorero, discípulo aventajado de Domingo El Colorado), Beselch Rodríguez (un lagunero como yo al que admiro profundamente por su carácter desinquieto y espíritu crítico), Germán López, de Gran Canaria, y Yone Rodríguez, también de Gran Canaria– demostraron a ocho manos, acompañados de contrabajo y voz, que tenemos una generación de músicos timplistas con un nivel de ejecución y concepto que rebasa los límites imaginables. No exagero si digo que los que estábamos allí, incluida mi señora, que no es muy seguidora de los proyectos musicales de la tierra –a ella le van más las banalidades del tipo de En Clave de Ja–, nos quedamos boquiabiertos durante la hora y media que duró el concierto. No hubo palabras para describir semejante derroche de talento. Y yo allí en cuarta fila.

Los chavales –ninguno de ellos parece superar los treinta años– no solo hicieron alarde de virtuosismo, técnica, buen gusto y pulcritud con sus timples, sino que, como bien indica el título del espectáculo, se atrevieron a hacer sonar las cuerdas de un buen puñado de instrumentos tradicionales de diversas partes del mundo que, según parece ser, comparten raíz con nuestro instrumento tradicional.
Charangos, cavaquinhos, cuatros y ukeleles inundaron la sala de matices, buscando las sonoridades de la música popular canaria, pero a la vez buscando las de otras partes del mundo. Era tal la explosión de colores, que no sabía a cuál de ellos mirar. Los arroparon dos músicos cuyos nombres no recuerdo, interpretando en el contrabajo y la voz, piezas magistrales que dieron un empaque final muy bonito.
Pero lo que más me sorprendió, independientemente del hecho musical, fue el ambiente positivo, generoso, amistoso y cordial que se respira entre ellos. No sé si será casual o fingido, pero desde el público percibimos bromas, complicidades, guiños y risas entre ellos que
dejaban entrever que lo estaban pasando bien. Queda claro que aquello llamado pleito insular, murió con la nueva generación de canarios; más tolerante, respetuosa y culta.

Por destacar algo a mejorar, quizás una cosa: la discreta afluencia de público –bien es cierto que hacía un frío que pela y que el camino para llegar a Teror desde otros lugares de Gran Canaria es lejano y tortuoso–. Una lástima que no se manifestara una apoyo más intenso a esta nueva generación de intérpretes canarios que, si bien es la más preparada de la historia, también es la más olvidada.

Si usted tiene la oportunidad de verlos, le recomiendo que no se lo pierda. Quizás se esté perdiendo uno de los mejores espectáculos musicales que tiene Canarias, o quizás simplemente, algo único e irrepetible.

Autor: Pedro Aguiar

Fuente: La Opinión de Tenerife


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